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Consejos generales · para practicar en casa

Estos consejos valen para todos los grados.

Practicar poco y con regularidad

Diez a quince minutos al día funcionan mejor que una sesión larga el fin de semana. El cerebro fija mejor los contenidos nuevos cuando los recupera una y otra vez en pequeñas porciones. Un sitio fijo en la rutina diaria, por ejemplo justo después de la merienda, ayuda al niño a centrarse sin resistencia.

Elegir el momento adecuado

Justo después del colegio muchos niños están agotados. Dele primero al niño un descanso para jugar o relajarse antes de empezar con las tareas. El hambre, el cansancio y los nervios son las causas más frecuentes de que la práctica no funcione. Pocas veces se debe a una falta de capacidad.

Elogiar el camino, no solo el resultado

"Lo has pensado de verdad con mucho cuidado" tiene un efecto más duradero que "¡Genial, todo bien!". Los niños a los que se elogia por su esfuerzo y su estrategia aguantan más en las tareas difíciles. Cuando se comete un error, pregunte con curiosidad: "¿Cómo has llegado a eso?" Así muestra que pensar importa más que el resultado.

Si baja la motivación: empezar más fácil

Cuando un niño no tiene ganas, suelen ayudar dos trucos: empiece con una tarea que el niño domine con seguridad. El primer pequeño éxito abre la puerta a algo más difícil. O dele al niño la opción: "¿Quieres empezar hoy con las cuentas o con el acertijo de números?" Las decisiones propias aumentan mucho la disposición.

Detectar la frustración pronto y permitir pausas

Cuando la voz o la postura del niño muestran que aparece la frustración, una pausa corta es casi siempre mejor que "Ahora seguimos". Diga: "Vamos a hacer cinco minutos de pausa y luego volvemos a mirar." Eso no es una debilidad, sino una estrategia para resolver problemas. Tras la pausa, empezar suele costar menos.

Tratar los errores como parte normal del aprendizaje

Reaccione ante los errores con calma y naturalidad: "Te quedaste muy cerca, mira aquí." Los niños observan con mucha atención cómo tratan los adultos los errores. Quien vive el error como una catástrofe se atreve a menos. Quien lo conoce como un paso de aprendizaje sigue más valiente.

No resolver usted, sino hacer preguntas

Cuando el niño se atasca, ayuda más hacer preguntas que explicar o resolver la tarea por él: "¿Qué sabes ya?", "¿Qué número falta aquí?", "¿Qué pasa si empiezas por el número más pequeño?" El niño encuentra la solución por sí mismo, y el éxito sigue siendo suyo.

Descubrir las matemáticas en la vida diaria

Momentos cotidianos como contar al poner la mesa, comparar precios en el supermercado, leer el reloj o contar los escalones afianzan el sentido numérico de forma lúdica y sin presión. Los niños que viven las matemáticas como parte de su vida desarrollan un interés más fuerte.

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