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Cuando los acertijos frustran

No elogie el resultado, sino el camino. Y saber cuándo ayuda una pausa.

¿Qué ocurre aquí?

Los acertijos como el Triángulo Mágico o los enigmas de cálculo no tienen una estrategia de solución evidente. Muchos niños están acostumbrados a dar respuestas rápidas. Cuando eso no sale, llega la frustración. No es señal de falta de inteligencia, sino de no estar acostumbrado a soportar la incertidumbre.

Elogie el camino, no el resultado

En vez de "¡Correcto!", diga mejor: "Lo has probado de forma sistemática, esa es justo la estrategia adecuada." O: "Te has dado cuenta de que tu primer intento no funcionaba y has seguido. Eso es matemáticas."

Los niños a los que se elogia por la constancia y por sus razonamientos se rinden menos rápido ante cuentas difíciles que los niños a los que solo se elogia por dar respuestas correctas.

Cuando ayuda una pausa

Ante una frustración visible, una pausa corta casi siempre es mejor que insistir. Tras cinco minutos de descanso, a menudo se le ocurre a uno una idea nueva. Diga: "Vamos a parar un momento y miramos otra vez enseguida." Eso no es rendirse, sino una estrategia para resolver problemas.

Ayudar sin resolver la tarea

Hacer preguntas ayuda más que dar respuestas: "¿Qué sabes ya?", "¿Has probado ya todos los números?", "¿Qué pasa si empiezas por el número más pequeño?" El niño lo descubre por sí mismo y la sensación de logro sigue siendo suya.

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