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El paso al instituto

Seguridad al calcular, calma al resolver acertijos y valentía ante los errores: eso lleva más lejos a su hijo o hija que cualquier ficha extra.

¿Qué ocurre aquí?

Al final de primaria muchas cosas importan a la vez: qué centro encaja, cómo sigue todo después del verano. En matemáticas vale esto: en cuarto ya no llega nada completamente nuevo, mucho se profundiza. El instituto se apoya en el cálculo escrito con las cuatro operaciones, en el manejo seguro de las magnitudes y en los problemas.

Qué tipo de centro se recomienda lo decide el colegio según las normas de su región y nunca solo por un examen de matemáticas. Si tiene dudas, pregunte al tutor o a la tutora.

Lo que ayuda en casa

Pida a su hijo o hija que explique cómo llegó a un resultado, en voz alta y con sus palabras. Quien sabe explicar un cálculo lo ha entendido. La prueba tras cada cálculo escrito y la estimación antes son los dos hábitos que más rinden en el instituto.

Los acertijos entrenan justo lo que allí se necesita: probar de forma sistemática, comprobar soluciones y no rendirse. Los cuadrados mágicos, los enigmas de cálculo y las tareas del tipo «¿Cuántas posibilidades hay?» van bien para la tarde o el viaje en coche. Diez minutos bastan.

Lo que puede salir mal

La presión es el mayor freno. Un niño o niña con miedo a equivocarse calcula más despacio y se equivoca más. Mejor diga: «Es un buen error, ¿qué puedes aprender de él?» Quien encuentra un error ha entendido algo.

Las pausas también cuentan. Si una tarea no sale después de diez minutos, es mejor una pausa que otro intento con frustración. Muchas soluciones llegan paseando. Y no compare a su hijo o hija con otros, sino con su propio nivel de hace medio año.

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